27 de diciembre de 2006

CARGA PELIGROSA


El hombre es un ser muy inteligente, hábil, con la capacidad de aprender. Se

sienta orgulloso sobre la cúspide del mundo, con la seguridad que nadie le

quitará su potestad. Pero los intrincados senderos de la vida hacen que nos

engañemos y pensemos que somos invulnerables. Escondemos nuestros

miedos para mostrarnos más fuertes, más capaces, más agresivos, ante los

demás. La sed de poder y la vanidad de sembrar la envidia en los demás, nos

enceguece y caminamos sin rumbo por los pasajes más retorcidos, haciéndonos

olvidar, que hay cosas que no conocemos ante las cuales somos débiles, y la

única señal de alerta que tenemos es nuestro miedo. Pero el hombre debe

vencer los miedos, el hombre debe aguantar el llanto, el hombre debe luchar

hasta la muerte. El no prestar atención a nuestros miedos anula nuestra

inteligencia, nuestras habilidades se vuelven torpes y todo lo que hemos

aprendido se vuelve en nuestra contra. Y ahí nos encontramos, solos, sin rumbo,

perdidos, llenos de miedo. Y no podemos entender que significa el temor, que

nos quiere decir, tantas veces ignoramos su voz que ahora no oímos sus

palabras y solo nos queda esperar nuestro fin.

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El proceso era simple, había que abrir las puertas de cada trailer y revisar que

estuviera vacío, anotar la información del camión y dejarlo entrar en el patio.

En un comienzo Al se sentía atemorizado y asustado ante tremendas máquinas

que parecía que lo iban a aplastar, pero con el tiempo comenzó a familiarizarse

con ellas y hasta empezó a sentirse cómodo sintiendo la leve brisa que podía

percibir mientras pasaban los enormes remolques cerca de su cara. Quizás

demasiado cómodo.

Era costumbre en la compañía que se les pidiera a los guardias poner espacial

atención en cierto camiones o traileres, ya sea por problemas con el camión, o

con la carga, o cuando la carga era peligrosa. Es noche recibió un extraña

llamada por la radio:

-¡Atención! Garita de seguridad- dijo una voz de hombre con la típica distorsión

de las radios cuando la señal viene de muy lejos.

-Adelante- respondió Al

-Llamo para informar que va a estar llegando el trailer 7666 con carga peligrosa,

no abrir el trailer por ningún motivo- dijo la voz.

-Diez cuatro- confirmó Al.

La noche siguió muy tranquila, con un flujo muy lento de camiones que salían y

entraban.

Cuando eran las tres cuarenta llegó el misterioso remolque con carga peligrosa;

para su sorpresa era carga refrigerada.

-Buenas noches- saludó Al.

-Buenas noches- respondió el chofer.

-Necesito los documentos de la carga.

-No tengo ningún documento.

-Pero eso es imposible, debe haber recibido algún documento cuando recibió la

carga.

-Bueno eso fue un poco irregular.

-Perdón, no entiendo que quiere decir con eso- El chofer un poco molesto apagó

el motor del camión y se bajo de la cabina.

-Bueno,- hizo una pausa, respiró hondo y exhaló, como preparándose para

contar una larga historia y continuó- me llamaron como a las once treinta esta

noche para recoger esta carga en el medio del desierto, cuando llegué al lugar

estaba lleno de policías y nadie parecía saber mucho de lo que había pasado,

pero lo único que puede ver era que el camión estaba como a cincuenta metros

de la carretera completamente destrozado y el trailer estaba a una orilla del

camino. Cuando dije que iba por el trailer, a nadie pareció importarle, así que me

lo traje como me habían pedido. Esa es la historia.

-Tendré que dejar una nota por este trailer, solamente avance para ponerle

candado al remolque.- El chofer volvió a subir a la cabina del camión, arrancó el

motor, y en cuanto la barrera estuvo arriba, procedió a avanzar lentamente. La

luz fluorescente iluminaba el trailer y dejaba ver una serie de graffitis y letras

ilegibles que tenían la apariencia de letras reconocibles, pero las palabras no

parecían coherentes.

El guardia levantó la mano para indicarle al chofer que detuviera la máquina, la

cual se detuvo haciendo mucho ruido provocado por la vibración del trailer. Para

sorpresa del guardia el trailer no tenía ningún tipo de sello que asegurara la

carga; según los procedimientos tenía que abrir el trailer, pero había recibido la

llamada de no abrirlo bajo ninguna circunstancia. Procedió a ponerle el candado,

pero sabiendo que toda esta situación era extremadamente irregular.

Tímidamente le dio la señal para avanzar y el trailer se fue.

Se suponía que debía revisar cada una hora, si el trailer refrigerado estaba

funcionando, así que como ya eran las cinco de la mañana fue a verlo. Caminó

por la oscuridad del patio entre muchos otros contenedores. Comenzó a sentir

un extraño frío en la espada y un helado sudor en las manos, los que se

intensificaban a medida que se acercaba más y más al remolque. Caminó por

una hilera de traileres y cuando llegó al final dobló a la izquierda y pudo ver el

trailer que se encontraba solo al otro lado de una amplia explanada; el remolque

parecía muy pequeño desde esa distancia, pero en cuanto lo vio sintió un

escalofrío que lo hizo temblar. El sabía que tenía que cumplir con su trabajo,

pero con cada paso que daba, su temor crecía. Comenzó a acercarse

lentamente, tratando de escuchar el motor del frigorífico, dio un par de pasos y

pudo sentir levemente como el motor seguía funcionando y seguido de eso una

pesada mano se dejó caer en su hombro.

Ah!- exclamó espantado y rápidamente se volteó para ver que era

-Lo siento no quise asustarte- dijo el chofer del camión disculpándose

-¡¿Que hace aquí?!... ¡¿Me quiere matar del susto?!- dijo Al jadeando y tratando

de recobrarse, agachado con las manos en las rodillas

-¿Qué pasa?, no es para tanto tampoco- el guardia permanecía con la cabeza

agachada y visiblemente muy agitado.

-Lo que pasa es que... bueno,.. - Al hizo una pausa temiendo quedar por loco

agregó- No, no es nada.

-Bueno, yo fui a buscarte a la garita pero estaba cerrada, así que pensé que

andabas rondando los traileres y salí a buscarte.

-¿Por qué puso el remolque tan lejos?

-Lo que pasa es que no encontré otro espacio y como es carga peligrosa, pensé

que estaría mejor aparte de otros traileres.

-Que inteligente- dijo Al en tono irónico y agregó -Y ¿Para qué me buscaba?

-Lo que pasa es que necesito llamar a una taxi para que me lleve a casa,

necesito que me prestes tu teléfono, mi celular no tiene señal y eso es raro,

nunca me había pasado en este patio.

-No hay problema, vamos a la garita

Caminaron hacia la garita y aunque Al pensó que se sentiría más seguro

alejándose del trailer, y sobre todo acompañado, el frío y el sudor solo

menguaron levemente, quizás por el gran susto que había pasado.

Entraron a la garita. Al apagó el televisor que solo mostraba hormigas de

interferencia, como si las transmisiones hubieran acabado y el chofer llamó al

taxi. Durante la conversación tuvo que repetir muchas veces lo que quería decir,

al parecer había mucha interferencia.

-Estas líneas son un desastre- dijo el chofer- no podía entender ni lo que

pensaba.

Al, que estaba sentado en un escritorio leyendo, solo hizo una mueca de

aceptación y fingió una carcajada para dejar tranquilo al chofer. Hubo un gran

momento de silencio, Al estaba muy concentrado en su lectura y el conductor del

camión volvió a interrumpir la lectura de Al.

-¿Te molesta si espero aquí que llegue mi taxi?

-Por supuesto puede esperar aquí

-Solo tengo que ir a buscar mis cosas

-Esta bien, si el taxi llega le digo que lo espere.

-Gracias- dijo el chofer y se retiró.

Pareció mucho el tiempo que el hombre se demoró en volver. La noche estaba

tranquila. El inquietante sentimiento que Al tenía hacia ese trailer, a veces

parecía irse por completo, rápidamente volvía. El hombre regresó con un gran

bolso y una hielera y comenzó a hablar a cerca de los problemas que había

tenido con algunas cargas, de las cosas que lo inquietaban respecto de la

compañía y muchas otras cosas de su vida también, a las que Al solo asentía

con la cabeza.

Habrían pasado unos treinta minutos cuando para alivio de Al el taxi llegó, el

hombre se despidió de él, salió de la garita, subió al taxi y se fue. A los pocos

minutos se percató que estaba solo y deseó la molesta compañía del chofer al

sentir la inquietud por el trailer comenzaba a volver.

Ya eran la cinco cuarenta y cinco y una rápida sombra que corrió por una de las

grandes ventanas interrumpió su concentración. Por un minuto pensó que era el

molesto chofer que había olvidado algo, pero al mirar hacia afuera pudo ver que

no había ningún vehículo. La garita tenía grandes ventanales por todo el

rededor, exceptuando una lado donde habían unos mueblen colgantes y la

esquina en donde estaba el baño, y justamente en esa dirección sintió que algo

golpeó uno de los contenedores de basura que había por fuera. Fue un golpe

muy fuerte y salió revisar. Sobre el microondas, que estaba a un lado del fax y

bajo los muebles colgantes, había una linterna, la tomó y salió a ver que había.

Afuera llovía copiosamente y las gotas de lluvia hacía que la luz de la linterna

pareciera un faro en la oscuridad, el agua que corría por el rostro de Al no le

permitía ver muy bien ya que se le metía en los ojos. Sintió a sus espaldas como

unos apresurados pasos chapoteaban por el agua a sus espaldas, se volteo y

escuchó como los pasos se dirigían hacia la puerta de la garita, que ahora

estaba fuera de su campo visual y el sonido de la puerta cerrándose retumbó en

su oídos seguido por las luces que se apagaban. El miedo lo invadió. Una fuerte

luz lo encegueció, un camión había llegado y tenía que recibir la documentación

de la carga. Llegó hasta la cabina del camión, el chofer era un hombre con

bigotes, de rostro muy duro y acompañado por un pequeño perro blanco muy

molesto que no dejaba de ladrar. Al recibió los papeles y se aseguró que toda la

información estuviera en el documento. Presionó el botón del control remoto para

abrir la barrera, pero este no respondió; la única forma era activar el control que

estaba dentro de la garita.

El perro no dejaba de ladrar y eso inquietaba más a Al. Con temor abrió la puerta

y entró, detrás de él se cerró la puerta. Aún dentro de la garita los ladridos se

podían sentir. No había mucho donde poder esconderse y el sabía que alguien,

o algo, estaba allí dentro. La oscuridad era muy densa y la linterna, a pesar de

su poder, solo alumbraba un pequeño radio. El sabía perfectamente donde

estaba el interruptor para activar la barrera, pero era tanto su miedo que avanzó

lentamente y se estiró con la mano izquierda para poder alcanzar el botón,

mientras las luz de la linterna tiritaba como consecuencia del pánico que lo

invadía en ese momento. Justo en el momento que presionó el botón y la barrera

se levantó, uno de sus erráticos movimientos de la linterna dejaron ver por una

fracción de segundo una extremidad de tonalidad verde grisácea que se

ocultaba bajo la mesa; la impresión fue tal que la linterna se le cayó de las

manos y se apagó producto del golpe Rápidamente se agachó para buscarla en

la oscuridad, siempre mirando en dirección a donde había visto a la criatura. Los

ladridos del perro comenzaron a apagarse a medida que el camión se alejaba, y

Al quedó solamente acompañado por su pavor y el ruido de la lluvia que ya se

había hecho más fuerte. Los truenos le hacían estremecer y el sudor de las

manos hacía que el polvo del suelo se le pegara en las palmas y entre los

dedos.

Por fin encontró la linterna. Nerviosamente intentó varias veces de encenderla,

pero de nada sirvió, en su desesperación le dio un golpe y la luz de la linterna

volvió. Su primera reacción fue ver donde había visto a la criatura, pero en el

lugar solo encontró una mancha de barro seguida por otras manchas como

huellas. Con mucho temor y aún en el suelo, siguió las huellas lentamente

preparándose para lo peor, y lo peor fue un par de pies verde grisáceos con solo

tres dedos. La impresión fue tal que se echó para atrás, pero fue detenido por

los muebles que estaban a sus espaldas. El golpe alineó la linterna que tenía en

la mano con un rostro de grandes ojos, pequeña nariz y cuello menudo que

estaba como a un metro de alto. Sintió que estaba perdido, cualquier cosa que

hubiera imaginado, parecía pequeña en comparación a la realidad que ahora

vivía. Algo peor que ver tus pesadillas hacerse realidad, es que la realidad sea

peor que tus pesadillas.

Al se congeló y ni siquiera pudo gritar, solo cerró los ojos esperando . Sintió que

se desvanecía cuando la fría y húmeda mano de la criatura le golpeó hombro y

el espanto fue tal que se echó para atrás tratando de alejarse de la criatura,

abrió los ojos y despertó sobresaltado.

-Te dormiste- dijo Lucas quien lo había remecido por el hombro para despertarlo.

Al miró a todos lados y aliviado pudo respirar que todo había sido un mal sueño.

-Lo que pasa es que he tenido muchas cosas que hacer durante el día, y ya en

las últimas horas del turno el sueño me vence.

-Trata que no vuelva a pasar o voy a tener que informarlo al jefe

-Esta bien, veré que no se repita.

-¿Hay alguna novedad?

-Lo único que hay es un trailer con carga peligrosa, me llamaron por radio de no

abrirlo bajo ningún motivo y fueron muy enfáticos en eso. No tenía sello, así que

solo le puse candado para que si quieren ponerle sello puedan revisarlo primero.

-Hablaré con la gente de la oficina para ver que hacemos con eso.

Al se retiró a su casa un poco más aliviado con la esperanza que aquella carga

que lo atormentaba se fuera del patio en ese día, por lo menos ese fue el deseo

que trató de alimentar, pero a pesar de eso le fue muy difícil conciliar el sueño; él

nunca había tenido problemas para dormir durante el día, pero hoy era un caso

especial.

La hora de partir al trabajo llegó más rápido que lo usual, de hecho la carretera

se veía más despejada hoy a pesar de ser martes.

Entró como de costumbre al recinto de la compañía y se dirigió a la garita. A

medida que se acercaba comenzó a sentir aquella rara sensación de

incomodidad. Al entrar en la garita Al saludó a su compañero a quién venía a

relevar.

-¿Todo normal?- preguntó Al

-Lo único es que el 7666 sigue aquí y hay que revisar que el sistema de

refrigeración esté funcionando. Pedí que lo pusieran más cerca, en la primera

fila, para no tener que caminar tanto para verlo, ya deben haberlo movido, pero

no puedo revisar eso ahora ya que tengo algo que hacer y no puedo llegar tarde.

Lucas le entregó las llaves y el control remoto de la barrera y se fue.

La tarde estuvo muy ocupada y olvidó por completo todo acerca del trailer,

incluso el sentimiento se fue del todo. A las diez de la noche terminaba el turno

de dos personas y Al quedaba solo. El otro muchacho se fue y quedó

acompañado solo por los truenos que se escuchaban a lo lejos, el sonido del

viento y el frío que se hacía más intenso a cada minuto.

Los primeros cuarenta y cinco minutos Al estuvo concentrado en su libro y

parecía haber olvidado todo acerca del misterioso remolque, pero cuando ya

faltaban diez minutos para las once, el sentimiento de intranquilidad comenzó de

nuevo. Era hora de revisar que el frigorífico funcionara.

Se puso una chaqueta para evadir el frío y salió a revisar el trailer. Lo

tranquilizaba el hecho que estaba más cerca y solo tendría que caminar unos

cuanto pasos para llegar hasta donde ya pudiera escuchar el sonido del motor y

volverse a la garita. Efectivamente así fue, el trailer se encontraba como a veinte

metros de la garita solo tuvo que caminar unos cuantos pasos para oír que el

motor estaba funcionando. Se podía notar que había sido lavado, ya que aún los

bordes goteaban y ese día no había llovido. Al volvió a la garita, se quitó la

chaqueta y se sumergió en la lectura de nuevo.

Un agudo sonido en la radio interrumpió su concentración, y de paso vio la hora;

era la media noche y tenía que revisar el trailer. Confiado en que el camino al

remolque era corto salió muy tranquilo, pero su tranquilidad se esfumó al ver que

desde donde debía estar el trailer salían huellas de neumáticos y en el espacio

solo un rectángulo de humedad formado por la gotas de agua. Una sensación

gélida le corrió por la espada y corrió a la garita. Nerviosamente cerró las

puertas por dentro, apagó las luces y tomó la linterna que estaba sobre el

microondas con ambas manos y se la llevó al pecho. Cerró los ojos y respiró

profundo, dándose valor. Salió de la garita asegurándose de cerrar con llave la

puerta.

Caminó por el húmedo pavimento del patio. Parecía como que una fuerza

extraña le guiaba hacia el lugar donde la noche anterior había estado el trailer.

Volvió a caminar por la misma línea de remolques y se detuvo al final tratando

de imaginarse que el trailer no estaba allá, pero sus miedo se concretaron al ver

que esta vez el remolque estaba más lejos y más inmerso en la oscuridad.

Dirigió sus pasos hacia el remolque, en un comienzo lentamente y con mucho

miedo, pero mientras se acercaba notó algo extraño: el remolque estaba abierto

y una gran cantidad de vapor de hielo escurría hacia afuera. Al se subió a

remolque y pudo ver una extrañas marcas en el interior de las puertas abiertas.

En el interior del trailer se encontraban dos cajas de madera, de un metro y

medio cuadrado. El único acompañante de Al era el ruido del motor frigorífico.

Se podía notar que las cajas habían sido abiertas desde dentro y en una forma

muy violenta. Mientras contemplaba esta escena, el ruido de unos extraños

pasos en el techo del trailer lo hicieron sobresaltarse y en forma automática se

volteó hacia la entrada del trailer. Por unos segundos se quedó inmóvil, con los

ojos cerrados y casi sin poder respirar por el pavor que le invadía. Cuando ya

parecía que podía moverse sintió que algo saltó desde el techo del remolque

hasta el suelo y seguido de eso unos nerviosos pasos se alejaron de remolque.

Se armó de valor y avanzó lentamente hacia las puertas abiertas en el otro

extremo del vehículo, miró buscando a la criatura y para poder tener un mayor

campo visual salto al suelo. De pronto le pareció ver una silueta negra sobre uno

de los contenedores. Sintió que el miedo lo golpeó. No sabía si era realmente

una de las criaturas, o solamente su imaginación, pero para no correr riesgos

comenzó a correr hacia la garita. Su miedo se hizo más grande cuando al pasar

por la línea de contenedores pudo sentir que algo saltaba de remolque en

remolque y parecía hacer un agudo y extraño jadeo. Al llegó hasta el final de la

línea de contenedores y escuchó el golpe de la criatura con el suelo. Los pasos

parecían acercarse más y más, pero el miedo que invadía su ser no le permitía

dejar de correr, por el contrario lo hacía con más fuerzas y los pasos parecían

quedar atrás.

Su desesperada carrera terminó cuando golpeó la puerta de la garita.

Nerviosamente buscó la llave, rápidamente abrió la puerta, entró y la volvió a

cerrar por dentro. Al se quedó muy quieto.

Estuvo en silencio por algunos minutos. La lluvia volvió a caer y el golpeteo de

las gotas sobre el pavimento rompió el profundo sonido. Un golpe en el techo le

trajo a la mente las criaturas y la pesadilla del día anterior. Después del golpe

parecía que las criaturas habían desaparecido del techo, pero cuando Al pensó

que solo había sido su imaginación, los nerviosos pasos comenzaron a moverse

en todas direcciones, es más, le pareció que había dos pares de pies caminando

sobre el techo. Las criaturas desesperadas comenzaron a golpear el techo, las

dos en el mismo lugar; con cada golpe parecía que la garita se iba a desarmar.

En uno de los golpes pudo notar que el cielo de comenzaba a ceder y su

reacción natural fue esconderse bajo una de las mesas, pero su asombro fue

total cuando las criaturas rompieron el techo y se dejaron caer por la abertura.

Las oscuras y delgadas criaturas se encorvaban a un metro noventa de altura y

se movían haciendo un extraño ondeo con los hombros. Se separaron tratando

de rodear a Al y extendieron sus manos hacia adelante como amenazantes

predadores. Las criaturas parecían comunicarse por una extraña combinación de

agudos gemidos.

Los gemidos se acabaron y los dos pares de ojos se fijaron en Al y las criaturas

se comenzaron a acercar lentamente, muy alerta a cada uno de los movimientos

del guardia que ahora se había convertido en su presa.

La noche era tranquila, las luces se reflejaban sobre el pavimento dibujando

blancas siluetas que a su vez se reflejaban en las ventanas de la garita. Los

relámpagos hacían retroceder por una fracción de segundo toda la oscuridad del

lugar y dejaban ver el interior de la garita. Hubo un momento de oscuridad total,

pero luego otro relámpago particularmente poderoso, reveló grandes manchas

rojas en la ventanas, las que bajaban lentamente por los vidrios.





Por Guillermo Rojas G.

2 comentarios:

Fábio César dijo...

Olá Guillhermo!

Quero que sáiba que gostei muito de sua história, você tem muito talento para escrever continue assim que chegará longe.
Parabens pelo seu trabalho.

Fao Barr
(MADE IN BRAZIL)

caro dijo...

Realmente creo que esta historia es muy buena, creo que tienes el talento para crear.
Es escalofriante de verdad, la he leido varias veces y siempre siento miedo....
sigue escribiendo para que nos sigamos deleitando.
este espacio está para que compartamos nuestros dones de comunicar, asi que cuando quieras eres bienvenido.


carolina